Humor inteligente

HUMOR. Chistes de Pepito | Milagrosas YouTube

Las veces que he esbozado una sonrisa cuando me contaban un chiste que comenzaba así (entre paréntesis la voz del subconsciente):

– Estos son dos mariquitas… (xenófobo)

– Va una ama de casa… (sexista)

– Y entonces la chacha… (discriminatorio por razón del empleo)

– Va un gitano… (xenófobo)

– Hay dos elefantes en un Seat 600… (maltrato animal)

– Está un negro en la playa tomando el sol… (racista)

– Una niña está jugando con la Barbie y… (discriminación de género)

– Hay un católico en una discoteca… (ofensa a los sentimientos religiosos)

– Están un francés, un polaco y… (agravio al pueblo catalán)

– Bueno, pues entonces, un francés, un yugoslavo y…

(ERES UN IGNORANTE, YUGOSLAVIA YA NO EXISTE)

Estoy a favor de las reivindicaciones del colectivo LGTBI, del reconocimiento por el trabajo realizado en casa (de ellas y de ellos), de las creencias de la gente siempre que me dejen tranquilo. ¡Ah! ¡Y viva la Virgen de Montserrat!

La risa fácil que surge al ver a algún despistado resbalarse y romperse los cuernos, la carcajada por una ocurrencia, la gracia del chiste de toda la vida cuando alguien hace el tartamudo o el gangoso, o simula maneras impropias de hombres de pelo en pecho.

De lo anterior no cabe reírse, y se nos ha recordado que nuestro humor debe ser inteligente, y que empieza por descojonarse de uno mismo.

Ahora el problema consiste en encontrarle la gracia a los titulares de los periódicos, a las noticias que no soportan un mínimo análisis de veracidad, a las cifras de muertos por el tráfico o la violencia de género, a la crisis catalana, a las ya soporíferas idas y venidas sobre lo que hacer con El Valle. Es como si tuviésemos que dejar de engullir comida basura e iniciar una dieta equilibrada, y sana.

Por mi parte, seguiré viendo en televisión Cuarto Milenio y me desternillaré de la risa, como siempre.

En cuanto a reírme de mí mismo, voy a esperar un poco, no vaya a ser que caiga en una depresión de caballo y me hinchen a pastillas en la Seguridad Social, porque para irme a un especialista privado no me llega.

Antonio Pérez Gallego

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