¡Qué ricos los huevos fritos!

Oído por ahí: podría ser que Urdangarín no estuviese entre rejas y viviendo no sé dónde como un rey, o como un aspirante a rey. Lo he leído entre las riadas de información monotemáticas con las que nos saturan, porque cuando a los medios y a los colegas les da por un tema la cosa va para rato, y si al menos cumplida la racha pudiésemos afirmar ¡Oye, pues yo de esto sé! veríamos cumplidas nuestras ansias por conocer el mundo que sufrimos.

Pero lo más probable, es que lo único que habremos conseguido es estar más confusos, y sobre todo tendremos un empacho y un calentón que nos hará renegar y estar hasta los mismísimos, o las mismísimas, de aquello a lo que hemos estado expuestos sin tregua. A lo mejor de eso se trata.

Luego vendrá la cura en forma de una nueva corriente o asunto, y seremos otra vez conejillos de indias a lo que interese que estemos ocupados hasta la obsesión, y así sucesivamente ¡Qué difícil es mantenerse a cubierto de estas riadas de información!.

Por un lado piensas que debes estar al día y así poder participar en la conversación a la hora del aperitivo, y por otro recapacitas sobre las veces que nos han hablado –los mismos que nos saturan– de las cortinas de humo, de lo que se inventan para tenernos entretenidos, para conducirnos de tal modo que lo “realmente importante” nos pase desapercibido y los que están arriba, ya saben, anden haciendo de las suyas.

Pero, ¿cómo distinguir lo que es importante? Sí, sabemos las dificultades por las que pasan las familias, la crisis no superada llamada a perpetuarse para los de siempre, las dificultades en encontrar trabajo, las escasas posibilidades de emprender una vida suficiente para no padecer como un mendigo.

No hay que preocuparse, nos dicen, estamos en la buena dirección: la prima de riesgo está en mínimos, la inflación controlada aunque usted y yo recemos al santísimo para que el próximo invierno no tengamos que enchufar la calefacción, la actividad económica se haya incrementad desde que integran el PIB las putas y los proxenetas y el contrabando de estupefacientes y así la deuda no supere al dichoso indicador, y tenemos tasas de crecimiento previstas superiores al dos por ciento.

Nos dicen que la economía va bien, que nos llegarán las mieses, y a lo mejor dentro de poco viviremos como curas, que supongo que con las inmatriculaciones habrán empezado a sacar el cuello de esta vida mortal y de tránsito, poco representativa en comparación con el paraíso eterno.

Lo cierto es que no sé dónde estará el consorte de la princesa patizamba; es más, ni siquiera sé dónde están los Rato, Bárcenas o Puyol. Lo único que sé es dónde deberían estar y de lo que debo hablar con tiento.

Mientras tanto, seguiremos informados con la prudencia que exige el descreimiento de las noticias lanzadas interesadamente, o directamente falsas –a saber– intentando mantenernos a flote, disponiendo de nuestros dineros para no comer sopas de pan durante medio mes o no pedir fiado y, por si esto fuera poco, guardar un poquito por si las cosas vienen mal dadas (otra crisis económica podría estar en puertas, afirman algunos), ahorrando para cuando seamos viejos y lleguemos a echarnos a las calles a clamar una pensión digna, para comprar una casa porque los alquileres podrían seguir subiendo, para ayudar a nuestros hijos que no lo tendrán nada fácíl, para…

Sin embargo, no todo va a ser malo. Ya no hay vacas locas, los perros de razas peligrosas ahora no muerden, hemos comprado coches más baratos este verano aunque dentro de poco no nos dejen sacarlos del garaje (mire usted por donde, a lo mejor así baja la siniestralidad en el tráfico) y podemos comer huevos fritos hasta hartarnos, ahora que son buenos para la salud.

Antonio Pérez Gallego

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